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SOBRE PARÉNTESIS

SOBRE PARÉNTESIS

A raíz del 25 aniversario de “Parentesis: Ocho Artistas Negros”
DRA. MAYRA SANTOS FEBRES
25 años después visible y vigente “Paréntesis”
EDWIN VELÁZQUEZ COLLAZO
Antes de
Paréntesis
MARICRUZ RIVERA CLEMENTE, PHDC

Co-Fundadora Corredor Afro

Aché: The Creative Cultural Intelligence that Seeds Africa and the African Diaspora
MARTA MORENO VEGA

Co-Founder Corredor Afro
President/Founder Creative Justice Initiative

DRA. MAYRA SANTOS FEBRES

A raíz del 25 aniversario de “Parentesis: Ocho Artistas Negros”

A Eneid Routté-Gómez, La Convocadora

Fue ella quien me llamó. Para el 1996, yo recién me estrenaba como profesora en la UPR, recinto de Rio Piedras y como escritora de cuento y poesía. Comenzaba  a publicar artículos en varios rotativos del país- Claridad, San Juan Star, El Nuevo Día. Lo hacía por dinero, además de para afinar la pluma. Había préstamos estudiantiles qué pagar, deudas ocasionadas por el traslado del distante norte donde terminé el doctorado.  Acababa de conocer al crítico puertorriqueño Juan Flores y asistido a un Seminario Internacional de Estudios Post Coloniales en la Cuidad de México mediante el cual compartí con Néstor García Canclini, George Yúdice, Carlos Monsiváis y otros duros en la materia. Supongo que fue Juan Flores quien le habló a Eneid Routté-Gómez de mi existencia. Los extraño a ambos.  Eran grandes amigos.

 

Yo sabía quién era Eneid Routté, claro está- periodista legendaria del San Juan Star, intelectual probada, profesora formadora de periodistas, mujer cultísima, activista contra el racismo. Sin embargo, hasta el momento que me llamó, nunca había cruzado con ella más de dos oraciones, impresionada como estaba de su trayectoria y sabiduría, y a la vez, convencida de lo poco que podía aportar a una conversación con la ilustre. Mejor me limitaba a callar, aprender, escuchar.

 

Contesté su llamada. Eneid me citó a su antiguo apartamento en la Calle Martí de Miramar. Esperé atenta la fecha y hora de la cita. La Convocadora llegó caminando con su legendario bastón en mano. Me hizo pasar a su apartamento. Me ofreció algo de beber.  Sacó uno de sus largos, delgadísimos y oscuros  cigarrillos mentolados y me explicó con su voz pausada y, a la vez, incisiva lo que tenía pensado que hiciera. Mi tarea consistía en escribir un artículo para el catálogo de la exposición ¨Paréntesis: Ocho artistas negros¨, proyecto curatorial del artista visual Edwin Velázquez.

 

-Pero Eneid, yo no sé nada de arte- riposté.

 

– No hace falta ser crítica especializada  para entender la importancia de esta muestra. Te he leído.  Niña, tú sabes leer cultura. Escribe un breve comentario para enmarcar la exposición. Una de las nuestras debe hacerlo.

 

La claridad de visión y misión del evento que Eneid Routté fue explicándome detalladamente terminó de animarme escribir mi comentario. La intelectual me explicó que ella ya había convocado a los artistas, que habían conversado largo y tendido acerca de lo importante que era mostrar la pluralidad de poéticas y prácticas visuales de artistas visuales negros y negras en el país. Que esto nunca se había hecho y que ya era tiempo de abrir foro para que se diera una conversación pertinente acerca de la estética negra en Puerto Rico. Hoy le llamaríamos afroestéticas o afroepistemologías de la representación visual. Pero, en el 1989, el simple hecho de titular la exposición ¨Paréntesis: Ocho Artistas Negros´  iba a provocar mucha controversia, Enid me lo advirtió.  

 

  • Prepárate para contestar críticas y ataques a diestra y siniestra. Esta muestra va a revolcar el avispero del racismo en Puerto Rico, sobre todo en el predio super cerrado y excluyente de las artes visuales.

 

Luego recuerdo que comenzamos a hablar de Arturo Schomburg y de cómo su insistencia en armar exposiciones de artistas negros en los salones de la New York Public Library  y de animar a que la misma comunidad afro auspiciara y apoyara sus trabajos fue fundamental para activar el movimiento del Harlem Renaissance a principios de siglo XX. En ese distante año del 1996, yo no conocía como conozco ahora el trabajo de Schomburg. De hecho, comencé a leerlo a partir de la conversación que sostuviera con Eneid Routté y, por ende, no me percaté del todo de la lección que me estaba transmitiendo en clave.

 

Es más, estaba segura que Eneid exageraba. ¿Cuán controversial podría ser que se juntaran para exhibir ocho  artistas negros del calibre probado de José Ramón Bulerín, Daniel Lind, y Awilda Sterling? ¿Acaso sus trayectorias no estaban más que probadas? Creí que como yo conocía y valoraba sus exploraciones, preparación y seriedad de acercamientos a un lenguaje visual experimental afroboricua, el público igualmente podría valorar la importancia de sus trabajos para el desarrollo de la plástica puertorriqueña en general. Que era obvio que existía un arte negro en Puerto Rico más allá del folclore y la artesanía, la representación de los cuerpos negros, la vida de nuestros barrios, la denuncia de la exclusión.  Me equivoqué rotundamente. La misma semana de la inauguración de la muestra, la prensa se llenó de comentarios ácidos contra Edwin Velazquez y los demás participantes de la muestra. Los mismos periodistas incitaban a que los artistas explicaran por qué insistían en llamarse negros. Partían de la premisa de que el arte no tiene color, ni raza, que un verdadero artista debía trascender estas minucias sociológicas y ocuparse de demostrar maestría técnica, que insistir en la raza de los artistas se hacía con la intención de dividir al pueblo puertorriqueño, cuya producción artística debía enfrentar retos de exclusión y de escasez de recursos de por sí, por prevenir de un país pobre, pequeño, colonizado, etc, etc., etc. Leí, atónita, cada uno de los reportajes. Eneid Routté-Gómez probó tener razón.

 

Sin embargo, un fuego lento pero consistente insistió en seguir brillando a partir de la pionera exhibición¨Paréntesis: Ocho artistas Negros¨.  En el 2007 abrió la exposición Tradiciones afrocaribeñas : espiritualidad, arte y resistencia en Casa Escuté, Carolina, curada por la crítica e historiadora de arte Marielba Torres. Luego le sucedieron Afrolatinos (2012) en el Museo de Arte de Caguas, Sin Pedir Permiso: La Experiencia Afrodescendiente (2015) , también en Casa Escuté, Carolina y Negro-Negra-Negre en el Corredor Afro en el 2021, año de la pandemia. Cada una fue ampliando el repertorio de presentaciones de artistas afrodescendientes de Puerto Rico y la diáspora y mostrando la pluralidad de voces y estéticas de las artes visuales afro, que incluyen desde el performance hasta el video arte, la escultura, la fotografía, las instalaciones y el arte abstracto, sin contar con las reconfiguraciones de los arquetipos mitológicos e históricos afro en la búsqueda de un lenguaje contemporáneo y en tensa conversación con las tradiciones eurocéntricas de arte moderno.

 

Leo lo que escribí hace 25 años y otra vez quedo asombrada de su pertinencia. Todavía el arte afroboricua sobrevive relegado a exposiciones extraperifericas, fuera del Museo de Arte de Puerto Rico o del Museo de Arte Contemporáneo. Sobrevive y crece gracias a la apertura de espacios alternativos, para responder de manera masiva a la exclusión sistémica y-o a las inclusiones  selectivas de uno o dos artistas, los que han logrado reconocimiento de instituciones extranjeras o ganado becas de programas de arte y comunidad. Los museos nativos, entonces, no han tenido otra opción que incluirlos en sus programas y proyectos, so pena de no participar de los cambios de política artística a nivel internacional. Este es el caso, por ejemplo de Daniel Lind, uno de los participantes de legendaria exposición Paréntesis: ocho artistas negros,  quien aguantó calladamente y por casi 25 años, su exclusión de las exposiciones de arte puertorriqueño hasta que el Whitney Museum lo incluyera en su Bienal del 2019. Sn embargo, la resistencia a apoyar y valorar la producción artística y desarrollo estético afrodescendiente en Puerto Rico continúa estando la orden del día. El fortalecimiento del activismo antirracista a partir de la Declaración por parte de la Organización de las Naciones Unidas y el asesinato de George Floyd en Estados Unidos obliga a un cambio de postura y visión, la misma que tuvo hace 25 años Edwin Velázquez con su insistencia curatorial en Paréntesisñ ocho artistas negros.

 

Estos años tan duros de la pandemia reclamaron la vida de Eneid Routté-Gómez. Fue y sigue siendo mucho lo que contribuyó la Convocadora por medio de su gestión callada, calmada pero incisiva y constante. Hoy tan solo escribo para darle las gracias a ella y a los valientes compañeros de Paréntesis. Gracias por iniciarme como intelectual afroboricua y afroconsciente y proveerme los motivos que han dirigido mi vida y me han nutrido a manos llenas por estos pasados 25 años.

 

5 de agosto, 2021.

Año de pandemia.

EDWIN VELÁZQUEZ COLLAZO
Perspectiva del Curador

25 años después visible y vigente “Paréntesis”

La exposición “25 años después, Paréntesis: ocho artistas negros contemporaneos” es una documental que tiene por objetivo mostrar la importancia de este evento en el panorama de las artes plásticas puertorriqueñas y en nuestra sociedad al ser la primera exposición de artistas negros en la isla, donde resaltamos nuestra identidad como afropuertorriqueños.   Para la misma se ha podido recopilar documentos, fotografías y recortes de prensa que con el paso del tiempo fueron guardados como evidencia o recuerdo de esta importante exposición, así como obras recientes de algunos de los artistas que participaron. 

 

Ya han pasado veinticinco años después de haber organizado esta exposición colectiva y me encuentro en una etapa de analizar el impacto de la misma y lo que para mí ha significado. Paréntesis: ocho artistas negros contemporáneos fue la primera exposición colectiva realizada en Puerto Rico donde todos los artistas eran afrodescendientes y la única donde la palabra negros ha definido a sus expositores. Participamos como organizador y artista Edwin Velázquez Collazo junto a Arleen Casanova Ferrer (1967-2013), Ramón Bulerin, Awilda Sterling Duprey, Gadiel Rivera Herrera, Liz D. Amable Fantauzzi, Daniel Lind Ramos y Jesús Cardona.

 

La idea de hacer una exposición de artistas negros surge a finales de la década de los 80 cuando se replantea nuevamente el debate en torno a la continua “invisibilidad” del negro en nuestra sociedad y se comienza el proceso de reinvestigación sobre la aportación de la raza negra al arte y sociedad puertorriqueña. Esta búsqueda fue iniciado con la exposición “La presencia africana en el arte del Caribe” organizada por el Instituto de Estudios Caribeños de la Universidad de Puerto Rico en el Museo de Arte e Historia de San Juan, 1989 y que continúa posteriormente con la exposición “La tercera raíz: la presencia africana en Puerto Rico, organizada por el Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueño en el Arsenal de la Puntilla del Viejo San Juan, ICP.,1992.

 

Para entonces visualizó que las representaciones plásticas que se presentaron en ambas exposiciones seguían ofreciendo imágenes folkloristas de vejigantes y escenas que podemos definir como costumbristas de bailadores de bomba y plena. Que las mismas marginaban la aportación de artistas afropuertorriqueños contemporáneos y nos los insertaba dentro de las corrientes del arte de ese momento.

 

Cuando en 1995 inicie el proyecto invite alrededor de 25 artistas plásticos, la mayoria no quisieron participar porque la palabra NEGROS estaba insertada en el título de la exposición, finalmente solo ocho artistas aceptaron y estaban dispuestos a enfrentarse al reto de ensalzar su negritud.

 

Luego de un año con reuniones, análisis y críticas entre los artistas participantes y escritores invitados finalmente logramos presentar la misma para 1996 en el Arsenal de la Puntilla, ICP en San Juan y se convirtió en una muestra colectiva que viajó itinerante al Museo Casa Roig en Humacao, Museo Fuerte Conde de Mirasol en Vieques y el Centro de Exposiciones de Carolina. 

 

Como curador de la exposicion me reafirmo que Paréntesis: ocho artistas negros contemporáneos en nuestro país fue una de las mejores y variadas exposiciones colectivas del momento (pintura, gráfica, instalaciones y performance) sobre arte contemporáneo y la primera realizada por artistas afropuertorriqueños dejando a un lado las representaciones costumbristas. La muestra estuvo acompañada por los ensayos “Artistas negros para catálogo” de la periodista Eneid Routte Gómez y “Paréntesis-Ocho artistas negros” de la escritora Mayra Santos Febres.

 

En cada museo o sala donde fue presentada la  recepción e identificación del público asistente fue exitosa, logrando una experiencia enriquecedora para los artistas participantes. La exposición cumplió su objetivo de mantener la solidez de su discurso y el objetivo de redefinir la negritud, sin imágenes folkloristas, en las artes plásticas puertorriqueñas. 

 

“Paréntesis: ocho artistas negros contemporáneos” transcendio fuera de la isla donde ha sido mencionada en diferentes ensayos, charlas y conferencias en la comunidad academica universitaria afroamericana y afrolatina de Estados Unidos como un proyecto de reafirmación afropuertorriqueña y afrocaribeña. 

 

Importantes intelectuales y especialistas la han mencionado en libros como “Caribbean Romances: The Politics of Regional Representation (New World Studies): Belinda Edmondson/Editor”, “The Melanin Millennium. Skin Color as 21st Century International Discourse. Editors: Hall, Ronald E. (Ed.)”, «Scripts of Blackness: Cultural Nationalism and US Colonialism in Puerto Rico” (2015) de la Dra. Isar P. Godreau y en «Imaging The Great Puerto Rican Family: Framing Nation, Race, and Gender during the American Century»de la Dra. Hilda Lloréns. 

 

Reafirmando que luego de 25 años  “Paréntesis: ocho artistas negros contemporáneos” sigue visible y vigente como un proyecto de raefirmacion afropuertorriqueña y de lucha ante la continua invisibilidad de la negritud en Puerto Rico. 



MARICRUZ RIVERA CLEMENTE, PHDC

Co-Fundadora Corredor Afro

Antes de Paréntesis

A partir de 1492, época que comienza la conquista y colonización del “nuevo mundo”, y a través de la trata trasatlántica esclavista de millones de almas y cuerpos negros heredamos la cultura e ideología violenta del racismo. Aprendimos la mala costumbre de mirarnos y sentirnos superiores e inferiores según la pigmentación de nuestra piel. La internalización de la cultura y los valores del blanco; vistos como superiores -en relación a los pueblos conquistados- cosifica, deshumaniza y condena al negro según, expone Fanon (1961) en los Condenados de la Tierra. Cuando la humanidad logre erradicar la superioridad e inferioridad entre blancos y no-blancos entonces habremos superado la injusticia racial; promotora de las múltiples opresiones que sienten las personas negras. Hablar de raza, de negros y de blancos, tendrá pertinencia y vigencia hasta la erradicación misma del racismo.

 

Desde siempre, asumirse persona negra en una sociedad racista es un acto político; es rebelarse, es romperse, es componerse, es aceptarse. En esa acción política, a principios del Siglo XX es que la cantante negra, Ruth Fernández, entró por la puerta principal del Hotel Condado Vanderbilt en la ciudad de San Juan. Cuando en su época sufrían los artistas negros la afrenta injuriosa de entrar por la cocina; puerta designada para la servidumbre en hoteles del país. Ruth, una de las pioneras en la lucha contra la discriminación racial en Puerto Rico, abrió el camino para que artistas negros ocuparan espacios y escenarios destinados para personas blancas y en muchas ocasiones destinado solo para hombres blancos. Así que Ruth Fernández rompió las barreras de raza y género al mismo tiempo. 

 

En la década de 1970 artistas e intelectuales afroboricuas hicieron grandes aportaciones, en las que se encuentra, la activista, artista, bailarina y coreógrafa Sylvia del Villard Moreno quien contribuyó con importantes propuestas artísticas y la fundación de instituciones que revolucionaron las artes populares y escénicas. Sylvia empeñó gran parte de su tiempo en combatir el racismo; como muestra de ello, en el año de 1974, condenó en el programa de televisión “Telecine de la Tarde”, la discriminación racial, el uso del “black face” y en particular el personaje de “Chianita”, interpretado por, Angela Meyer. 

 

Otro artista negro, plenero y productor musical, Pedro “Capitol” Clemente, junto a sus compañeros estudiantes de la Universidad de Puerto Rico fueron articulando, en 1973, el Festival de Bomba y Plena en reconocimiento del legado africano en la cultura puertorriqueña. Las primeras tres ediciones del festival fueron celebradas en Piñones sumándose a la lucha por la protección del bosque de mangle más grande del Caribe y de la defensa de la comunidad. Este valioso festival ha rendido homenaje a figuras importantes como: Ruth Fernández y Sylvia del Villard, entre otras. 

 

En el campo académico el intelectual Isabelo Zenón Cruz hiciera una gran aportación con su investigación publicada en 1974 y titulada “Narciso descubre su trasero: el negro en la cultura puertorriqueña”. En esta publicación Zenón denuncia la mirada, el lenguaje, la forma con las cuales las personas negras son percibidas, etiquetadas y asociadas. Nos hace reflexionar sobre el posicionamiento de las palabras con contenido racista, como el sintagma: “Negro Puertorriqueño” en vez del uso de “Puertorriqueño Negro” para poner primero la condición distintiva de ser negro y luego ser puertorriqueño; advirtiendo Zenón que esta condición no ocurre de la misma manera con la persona blanca. Isabelo, además, desmantela la hipocresía social (académica- burguesa-intelectual) con que se esconde el racismo y el menosprecio a las personas no-blancas a través de eufemismos que construye el lenguaje, supuestamente, menos ofensivo. “De color”, “trigueño”, “mulato” son algunos eufemismos que se emplean como unas de las expresiones más comunes del racismo en la sociedad puertorriqueña, según apunta Zenón.   

 

“Paréntesis: ocho artistas negros contemporáneos” en el año de 1996 abonó al legado cultural, siguió el camino trazado y absorbió la influencia de artistas e intelectuales negros que les precedieron en las luchas por el reconocimiento de la identidad afropuertorriqueña. Liz D. Amable, Ramón Bulerín, Jesús Cardona, Arleen Casanova (1967-2013), Daniel Lind, Gadiel Rivera, Awilda Sterling y Edwin Velázquez, son referentes importantes en las artes y sus diversas vertientes en Puerto Rico y el mundo. Para estos artistas, hace 25 años atrás, asumirse como personas negras fue una acción política diseñada desde la obligación moral que le correspondía a la generación de su época. Con dolor y sacrificio, allanaron un poco más el camino para que los artistas negros de hoy encontraran una mejor ruta a seguir. 

MARTA MORENO VEGA

Co-Founder Corredor Afro
President/Founder Creative Justice Initiative

Aché: The Creative Cultural Intelligence that Seeds Africa and the African Diaspora

Culture, whatever the ideological or idealist characteristics of its express, is thus an essential element of the history of a people. Culture, is perhaps, the resultant of his history just as the flower is the resultant of a plant.  P. 142

Amilcar Cabral, Unity and Struggle, 1979

 

The honoring and celebration of the historic exhibition, Parenthesis now celebrating 25th years since its public presentation in Puerto Rico in 1997, insists on our contextualizing its importance in the timeclock of history.  The evolution of our complex history as African descendants in the Diaspora, latent with the memory of our ancestral knowledge in conditions where enslavers defined us as less than human, not possessing knowledge, intelligence , creativity of thought and agency has required those before and us to negotiate our survival, while dismantling systems of racism and oppression simultaneously building projects and safe spaces where our knowledge, creativity and expressions can live fearlessly expressed,  from our vision, values and criteria of excellence.  

 

In my opinion that is the creative power of the original 8 artists who chose to stand in their cultural, racial histories, their Caribbean environment, the nurturing ancestral spiritual essence of nature and their communities to give voice to their stories. To be bold, gifted and Black is to define us, our aesthetics, and creative power. 

 

In discussions with the curator Edwin Velazquez Collazo the general resistance to have the word Negro included in the title of the exhibition caused many artists and others from participating in the exhibition and supporting it.  The general negative reaction of cultural institutions to the word Negro being in the title caused them to turn their backs on the artists and exhibition. The intentional lack of critical reviews at the time to erase the significance of the exhibition is telling.  It resonates globally as artists in the global Diaspora have had to face similar attempts to devalue their work, aesthetic vision and erase their presence.  

 

Corredor Afro honors the integrity and boldness of these artists and their central role in the art history of Puerto Rico. Many of the participating artists lost employment, exhibition opportunities because they decided to stand in their integrity and their people’s legacy.  They insisted on our Negro presence being part of the island’s national culture identity. 

 

Like the thinkers, intellectuals, and artists of the Harlem Renaissance Movement in the 1930’s, of which historian, writer, Puerto Rican Arturo Alphonso Schomburg’s African Diaspora vision was a driving force, the aesthetic New Negro concept of African American Alain Locke, writer, philosopher the artists of Parenthesis stood in the creative power of ache – the power to make things happen. The Movement heralding the opening of a new Negro aesthetic vision was acknowledged in the 1930’s in New York City being a fundamental influence in the Black Power and Nuyorican Movements of the 60’s following he Civil Rights Movements in the states.  The insistence of decentering colonial thinking, and aesthetic systems took a heightened imperative. The late 60’s in NYC saw the emergence of the Art Worker’s Coalition, Taller Boricua with the participation of artists from El Barrio NYC and Puerto Rico and the drive to create spaces of authentic voices of creation that honored our past legacy and aesthetic vision of being us! 

 

In my opinion the Parenthesis exhibition of 1996, embraced as it does today the intentional process of centering the voices of artists and our people. The environment, climate, love of humanity and their community are at the center of the aesthetic of ache. The steadfastness of intent (ache– power to make things happen) speaks to a continuously evolving narrative of racial and cultural justice and its implementation.  

 

We are honored to be able to share this historic with path makers of the past and present. Gracias Edwin for your continuous commitment to this exhibition and to all the artists for allowing us to honor their boldness, creativity, and fortitude. We are humbled by your contribution to Corredor Afro.  Awilda Stering, Jesús Cardona, José Ramón Bulerin Gadiel Rivera Herrera, Edwin Velasquez, Daniel Lind Ramos, Mayra Febres Santos, los/las del fundamento de aesthetic of ache.  In memory, Arleen Casanova Ferre, Eneide Routte Gomez that are now spirit. 

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